“Temiendo por la destrucción de la
obra de toda su vida, y a que lo vincularan a Hitler o al hitlerismo, al
finalizar la Guerra Jung sufrió tres ataques al corazón”,
afirmó el esotérico nazi chileno Miguel
Serrano (1). Empero los hechos demuestran que la causa habría sido otra. El
sabio suizo ocultaba un impensado secreto que daba a su persona una calidad
mucho más allá de su reconocido genio científico o intelectual.
CARL
GUSTAV JUNG Y EL NAZISMO
Escribe el Dr. Antonio LAS HERAS
¡Cuánto se ha
hablado, escrito y dicho sobre el nazismo profesado por Carl Gustav Jung, el célebre
sabio suizo creador de la Psicología de los Arquetipos, quien fuera primero
discípulo privilegiado de Sigmund Freud, luego disidente y finalmente
amplificador – en la opinión de muchos – del Psicoanálisis freudiano! Para
ofrecer una óptica más complicada de este asunto, el hecho de que – por un
lado – Sigmund Freud, al igual que Alfred Adler y otros que acompañaron al
Maestro de Viena en los comienzos, fueran judíos, mientras el Mago de Zurich
era cristiano, ayudó a sostener la idea de que Jung veía con agrado a Hitler y
sus proyectos.
Al
respecto dice la web www.dios.com.ar
– dirigida por el periodista argentino Alejandro Agostinelli – que “Respecto a su relación con el nacionalsocialismo, Arnold Künzli
reveló que Jung, fascinado por su teoría del inconsciente colectivo y los
arquetipos, “cayó bajo la égida de
Hitler", el nazismo y Mussolini. Ayudó incluso en las persecuciones
a judíos y al antisemitismo racista con una dignificación desde su psicología
profunda. En un diario alemán, en 1933, el año del ascenso de Adolf Hitler al
poder, Jung escribió sobre "las
realmente existentes... diferencias de las psicologías germanas y judías"
y, en 1934, en el mismo periódico, profundizó la misma idea: “el
inconsciente ario tiene un mayor potencial que el judío”, argumentos
que según algunos autores utilizó como tiro por elevación contra Freud y
Adler”. (2)
Las acusaciones
sobre el nazismo en Jung comenzaron ya antes de la Segunda Guerra Mundial y
continuaron hasta el fin de su vida, afectando siempre de algún modo no sólo
la vida y obra del sabio suizo sino por añadidura la de algunos de sus
familiares e, inclusive, la de quienes optaron por practicar su escuela psicológica
hoy reconocida como Psicología Junguiana. Las aclaraciones hechas por Jung
durante décadas así como las vertidas por sus más cercanos discípulos,
algunos de ellos judíos, como es el caso de Aniela Jaffe, nunca resultaron
suficientes como para borrar y disolver de manera definitiva el baldón de que
Jung hubiera sido nazi. (3)
Y, en verdad, los
hechos documentales con los que se contó hasta hace pocos años llevaban a
deducir que esto, al menos en parte, era correcto. En la vida del psiquiatra
suizo había demasiados acontecimientos que lo mostraban directamente vinculado
a la Alemania nazi.
TRABAJANDO
JUNTO A LOS NAZIS
En 1930 la Asociación
Alemana de Psicoterapia designa presidente honorario a Jung. Esa será,
precisamente, la entidad que, tras asumir Hitler al poder, es disuelta e
integrada a la Sociedad Internacional de Psicoterapia, de mayor envergadura que
la anterior por su condición internacional, ya que reunía a entidades
similares con sede en otros países europeos. C. G. Jung es designado su
presidente en junio de 1933. Acusado ya en 1934 de actuar en una organización
de origen nazi, Jung respondió sosteniendo que su presencia permitía
salvaguardar la actividad de los psicoanalistas alemanes de sangre judía. A su
vez aceptó dirigir la Zentralblatt fur Psychotherapie (Revista de
Psicoterapia). Tanto la sociedad como la publicación tuvieron marcada filiación
nazi y antisemita.
En
diciembre de 1933 la Zentralblatt fur
Psychotherapie
publica la declaración de principios que regían a la Sociedad Alemana Médica
de Psicoterapia escrita de puño y letra de su presidente; nada menos que por el
psiquiatra M. H. Goering, primo del ministro de Aviación Hermann Goering, el
hombre más importante del régimen, después de Hitler. Allí se lee:
"Esta
sociedad tiene la tarea … de unir a todos los médicos alemanes … que
pretenden formarse y practicar la terapia psiquiátrica conforme a las
concepciones nacionalsocialistas. La sociedad presupone que todos sus miembros
activos, los que han hecho uso tanto de la palabra verbal como escrita, han
trabajado el libro fundamental de Adolfo Hitler, Mi lucha, con toda la seriedad
científica y lo reconocen como fundamento. La sociedad pretende colaborar en la
obra del Kanzler, educando al pueblo alemán hacia una convicción heroica
orientada al sacrificio".
Transcurrió
mucho tiempo hasta que Jung, en una entrevista con la analista junguiana,
estudiosa de la simbología del Extremo Oriente y arqueóloga Carol Baumann (4),
explica lo sucedido de esta manera:
“Yo,
como suizo, acepté esta posición (presidente de la Sociedad Médica de
Psicoterapia) con el fin de preservar un espíritu de cooperación científica
entre todos los doctores europeos ante el antisemitismo nazi que entonces
empezaba a alzar cabeza. Era imposible luchar abiertamente contra la
intolerancia nazi sin que peligrara la posición de todos los doctores alemanes,
y de los judíos alemanes en particular ... La tarea que yo había aceptado, la
preservación de una sociedad internacional no política, finalmente se volvió
una carga muy pesada, y en realidad una empresa imposible. En tanto, traté de
cumplir con mi deber en este respecto como cualquier otro hombre decente habría
hecho en mi lugar. Varias veces me quise retirar, pero los representantes inglés
y holandés me hicieron una petición urgente, suplicándome "que me
quedara en beneficio de toda la organización", y me quedé. No se debe
abandonar a quien se encuentra en un agujero. Fue muy útil para mucha gente que
yo permaneciera en ese puesto. Se podría decir que un tonto idealismo hizo que
yo aguantara, pero me parecía injusto dejar en las astas del toro a toda la
gente que se adhería a mí. Mi posición era: no soy la rata que abandona el
barco, así que no renuncié hasta fines de 1939, cuando empezó la guerra y yo
ya no era de utilidad. Entonces todas las comunicaciones internacionales se
interrumpieron”
En
relación a la proximidad del primo de Herman Goering, Jung aclara en la misma
entrevista que:
“A
los nazis les agradaba mucho publicar mi nombre como una de sus conquistas
suizas cuando trataban de levantar su menguante reputación ante los ojos del
mundo…El hecho de que mi nombre se asociara con el de Goering en el consejo
editorial de la Zentralblatt por supuesto me colocó en una posición cada vez más
falsa, especialmente cuando él publicó su famoso pronunciamiento sobre Mi lucha. Este texto se incluyó en la Zentralblatt sin mi consentimiento”.
Pero,
en enero de 1934, el suizo mismo escribía:
“El
inconsciente ario tiene un potencial mayor que el judío… A mi juicio, la
actual psicología médica ha cometido un grave error al aplicar
indiscriminadamente categorías, que ni siquiera son válidas para todos los judíos,
a los germanos cristianos o eslavos…. La psicología médica ha sostenido que
el secreto más precioso de los germanos, el fondo de su alma creadora y llena
de fantasía, es un pantano infantil y banal, mientras que por décadas, mi voz
que advertía de ello, ha estado bajo la sospecha de ser antisemita. La sospecha
provino de Freud. Éste no conocía el alma germana, como tampoco la conocen sus
seguidores”.
POLEMICAS
DECLARACIONES
En
1939, cuando el nazismo estaba avanzado y la política hitleriana se hacía más
y más evidente para el análisis de cualquier persona mínimamente inteligente,
Hubert Renfro
Knickerbocker – periodista y escritor norteamericano – entrevista en Zurich
a Jung.
Jung
hace al periodista algunas afirmaciones sorprendentes, salvo – claro está –
que fuera un nazi fascista quien las estuviera efectuando. De esta manera se
refiere a "la mirada soñadora" que encuentra en Hitler – "chamán,
mitad dios, mito” – aclarando que lo había impresionado "el rasgo
más prominente de su fisonomía." Seguido, agrega: "En sus ojos se encuentra la mirada de un clarividente”. No
conforme con ello, Jung dirá: “Hitler
es el altavoz que amplifica el murmullo inaudible del alma alemana";
"se deja tocar por su inconsciente". Y que el Führer es "como un hombre que atento escucha una corriente de
inspiraciones, de cuya fuente escondida sale una vocecita y que conforme a ella
actúa". "Hitler escucha y obedece" dirá Jung, concluyendo
que "el
verdadero Führer siempre es dirigido".
En
el mismo encuentro con H. R. Knickerbocker habla Jung sobre el Duce: “Mussolini
es un hombre" con el
"determinado corte de un hombre auténtico que dispone para ciertas cosas
de muy buen gusto". Jung comenta que habiendo estado él presente en un
desfile militar ocurrido en Berlín "la
gran felicidad (que experimentó) de
encontrarse a sólo unos pasos del Duche y del Führer" aunque
“un poco decepcionado por la seria actitud mostrada por Hitler”.
“Mientras
Jung trataba de hacerse notar en los círculos nazis –
escribía hace unos años Laura Ibarra García (Centro de Estudios Europeos,
Universidad de Guadalajara) – revistiendo
la ideología nacionalsocialista de psicología profunda y justificando psicológicamente
el racismo, Freud, su maestro y amigo paternal durante más de ocho años, tuvo
que abandonar Viena y exiliarse, junto con su familia, en Londres. A los ochenta
y dos años, no le fue fácil abandonar la ciudad en la que había vivido casi
toda su vida. Pese a los esfuerzos de Freud por salvar la vida de sus cuatro
hermanas, éstas fueron asesinadas en los campos de concentración de Auschwitz
y de Thereseinstadt. Según un testigo que sobrevivió al holocausto, una de
ellas, antes de entrar a la cámara de gas, gritaba: "Aquí hay un error,
yo soy la hermana de Sigmund Freud".
“A
diferencia de sus seguidores, que aún hoy – continua
Laura Ibarra García – se empeñan en
reprimir o ignorar las simpatías de su maestro por el nacionalsocialismo, Jung
admitió haber cometido un error. Después de finalizar la guerra, en 1946, Leo
Baeck, profesor de historia de la religión y representante de la comunidad judía,
aceptó, aunque no de muy buena gana, conversar con Jung. Este rabino, así como
Ernst Bloch, Thomas Mann, Erich Fromm y Herbert Marcuse, entre otros, había
criticado con dureza el apoyo que Jung brindó públicamente al
nacionalsocialismo y su pretensión de legitimar mediante la psicología el
dominio nazi. En esta entrevista, Jung intentó defenderse y, aunque trató de
transferir la culpa a los alemanes y su patología, reconoció "haber
resbalado".
“Sin
embargo, hasta su muerte, ocurrida en 1961, Jung no logró distanciarse de su
producción ideológica de los años treinta ni analizar las coincidencias entre
sus ideas y la propaganda nazi. Esta tarea está aún por hacerse”, termina
Ibarra García. (5), (6)
Este
tipo de declaraciones son las que, con el paso del tiempo, fueron confirmando la
conducta filonazi del Mago de Zurich. Sobre todo por el hecho de que él mismo
nunca explicó con precisión a qué se debió todo esto. Pocas opciones había.
Quizás tres. Una posibilidad es que Jung hubiera sido obnubilado por Hitler y
el nazismo como aconteció con otros intelectuales y hombres de ciencia. Una
opción poco probable tratándose de alguien experto en los mecanismos de la
mente humana. Otra es que, en verdad, Jung fuera nazi o – cuanto menos –
tuviera afinidad con el régimen. Lo que no se condice con actitudes que
tuvieron – como ya se verá – algunos confesos y acérrimos antinazis que no
eludían la cercanía de Jung. Así
en 1938, la Universidad de Oxford le confiere el Doctorado Honoris Causa en
Ciencias. O, más notable todavía, cuando en 1946 Winston Churchill visitó
Suiza, a pedido del inglés Jung se sentó a su lado cuando coincidieron en la
ceremonia realizada en el Aula de la Universidad de Zurich. ¡Y lo mismo pasó
en la cena oficial en Schlob Allmendingen! Aniela Jaffé señala que
“es poco probable que Churchill hubiera buscado (por dos veces) la compañía de un ex nazi o simpatizante nazi." (7) Lo que
nos lleva directamente a la tercera hipótesis: Jung estaba actuando un rol en
una obra cuyo escenario era la vida misma. Un rol que sólo pocos conocían y
que formaba parte de un secreto sólo develado décadas después de su muerte.
En
1936 Jung había publicado un artículo titulado “Psicología de la
dictadura” que, entre otras cosas, afirma:
"Hay
dos tipos de dictadores: el tipo cacique y el tipo chamán. Hitler pertenece a
este último. Es un médium. La política alemana no se hace: se revela a través
de Hitler. Es el portavoz de los dioses y de los ancianos. Dice la palabra que
expresa el resentimiento de todos".
Claramente,
está haciendo una descripción y en modo alguno apoyando o defendiendo la forma
dictatorial de actuar. Por eso conviene volver sobre la entrevista “Diagnóstico
de los dictadores” de 1939 que le hace Knickerbocker,
trayendo algún párrafo completo tal como figura en Encuentros con Jung
(Editorial Trotta, Madrid, 2000)
"Y
todos esos símbolos de un Tercer Reich guiado por su profeta, bajo la bandera
del viento, la tormenta y los vórtices giratorios, apuntan a un movimiento de
masas que va a barrer a los alemanes en un huracán de emociones irrazonables y
en un destino que quizá solo el vidente, el profeta, el Führer mismo, puede
prever; y quizá, ni siquiera él."
El
periodista lo interroga sobre cómo es posible que habiendo luchado Stalin toda
su vida contra el zar, él mismo haya devenido en algo aún más autoritario.
Jung responde que:
"Se
debe a que uno siempre se convierte en aquello contra lo que más lucha. ¿Qué
socavó la fuerza armada de Roma? Fue el cristianismo, pues cuando los romanos
conquistaron Oriente Próximo fueron conquistados por su religión... Luego,
cuando uno ha echado al zar se transforma en zar, como un cazador de animales
salvajes puede hacerse bestial...Stalin luchó tanto contra la sangrienta opresión
del zar que ahora está haciendo exactamente lo mismo que el zar. En mi opinión,
no hay diferencia en absoluto entre Stalin e Iván el Terrible".
EL
MISTERIO SE DEVELA
El
26 de mayo de 1994 Sotheby´s
subastó 87 cartas inéditas de Jung dirigidas a su discípula judía Jolanda
Jacobi que con el tiempo llegó a
convertirse en la principal discípula de Jung y a quien éste ayudó a huir de
los nazis. En esa correspondencia – cincuenta y seis cartas escritas a mano y
treinta y una a máquina, que van desde 1928 a 1961, año de la muerte de Jung
ocurrida el 6 de junio – que nunca han sido publicadas,
el Mago de Zurich muestra su posición ante el incipiente nazismo. Refiere su
extrema preocupación por el auge del nazismo, del poderío alemán y de la
llegada de Hitler. A éste lo considera un niño que no ha madurado pero con un
tremendo apoyo en Alemania. “A menudo me
pregunto – escribe el psiquiatra suizo en una de las cartas – qué
es lo que va a salir de esta caldera de brujas burbujeantes.” Una de las
cartas fechada en 1933, Jung dice: "Estamos
asistiendo a una escalada sin precedentes del puer eternus (“el eterno niño”, arquetipo junguiano
referido en este caso a Adolfo Hitler) cuyas
consecuencias son impredecibles." "… sus opiniones en política
exterior serían cómicas si no provocaran un entusiasmo tan peligroso". En
otra, presagiaba la ocurrencia de una sangría similar a la que él mismo había
anticipado en 1914. Estas cartas proporcionan el conocimiento de un Jung
absolutamente alejado de cualquier atracción por el nazismo y antes bien
preocupado por las desgracias que podía anticipar. (8)
Un
nazi confeso que frecuentó a Jung, como lo es Miguel Serrano, algo parece
conocer sobre los vínculos entre el suizo y los aliados, cuando afirma – sin
citar fuentes – que Jung había aconsejado
a los Servicios Secretos ingleses y norteamericanos "alargar
la guerra; porque Hitler estaba poseído por Wotan, Dios del huracán y la
tormenta (Blitzkrieg). Y una tormenta no puede durar mucho tiempo, se va
agotando, autodestruyéndose...". (1) Lo que significa que
Serrano – tal vez por su pertenencia durante décadas al cuerpo diplomático
chileno – contaba con información fidedigna sobre actividades del Mago de
Zurich desconocidas por la gran mayoría de la población.
Cuando
a finales del Siglo XX aparece “Jung, el Cristo Ario” de Richard Noll (9) si
bien éste autor dedica muchas páginas a mostrar el atractivo del sabio suizo
por el nazismo, concluye el capítulo planteando la necesidad de poner los
hechos en medio del contexto en que sucedieron, de las ideas aceptadas por la
Ciencia de ese momento, en virtud de lo cual no puede en modo alguno asegurarse
que Jung fuera nazi. Aunque no cuenta con suficientes elementos probatorios,
Richard Noll advierte una cantidad de aspectos en la conducta del eminente
psiquiatra que no cuajan con un nazi.
Hubo
que esperar al “célebre” año 2000 para comenzar a conocer lo que en verdad
había ocurrido entre Jung y el nazismo. Para esos días no sólo – por
haberse cumplido el tiempo legalmente prescripto por las autoridades
norteamericanas – se abrieron archivos hasta entonces secretos de la Segunda
Guerra Mundial sino que, por ese mismo motivo, algunos de los protagonistas
comenzaron a hablar. De esta forma se supo que el espía norteamericano Allen
Wels Dulles (considerado por algunos (10) el verdadero jefe de la OSS – Office
of Strategic Services
– organismo que antecedió a la CIA) se había interesado por los análisis
realizados por C. G. Jung en relación a la reacción de los dirigentes nazis
alemanes, siendo quien transmitió esos valioso datos a la Oficina de Servicios
Estratégicos de los Estados Unidos. Jung – precisamente por el hecho de estar
próximo a donde sucedían los hechos y tener la confianza de los nazis – pudo
obtener y proporcionar a los norteamericanos importantes informaciones sobre el
estado de salud del Führer, hizo una valoración de la propaganda aliada sobre
la moral de los alemanes y análisis proféticos basados en la psicología de
los líderes fascistas.
Muchos
se han preguntado cómo y cuando se conocieron Dulles y Jung, tal vez olvidando
que el espía ya había estado destinado en Suiza durante la Primera Guerra
Mundial, lo que hace muy probable que los servicios del psiquiatra suizo fueran
ofrecidos a los Estados Unidos aún mucho antes de que ese país ingresara a la
guerra contra el nazismo.
Para
comprender en pocas líneas quién fue Allen
Welsh Dulles (n. 7 de abril de 1893/ m. 29 de enero de 1969) y cuál su
importancia en el mundo de los espías, señalemos que fue el primer director
civil de la CIA y quien por más tiempo desempeño el cargo, ya que lo hizo
entre el 26 de febrero de 1953 hasta el 29 de noviembre de 1961. (11) (12) Para
hacerlo más enigmático, fue uno de los siete miembros elegidos por el
presidente Lyndon Johnson para investigar el magnicidio del presidente John F.
Kennedy.
El
semanario helvético L'Hebdo (edición de la última semana de diciembre de
2000) informa que en uno de los mensajes secretos enviados por el espía Allen
Dulles a la central norteamericana, el agente cuenta que, según ha podido saber
Jung,: "Hitler se ha ocultado en el sótano de su cuartel general
al este de Prusia" y explica que los jerarcas que pretenden
entrevistarse con él "son despojados de sus armas y han de pasar por
un detector de rayos X". Jung dijo a Dulles que "cuando su
personal se sienta a comer con él, Hitler monologa mientras que a sus oficiales
se les prohíbe decir una palabra. El stress resultante de esa asociación ha
hundido a varios oficiales, según Jung, que opina que
los mandos del ejército están demasiado desorganizados y debilitados como para
actuar contra el Führer".
Lo
que aún continúa siendo desconocido es cómo Jung obtenía informaciones que
el alto mando alemán mantenía en el más estricto secreto. Hay quienes piensan
que el psiquiatra suizo las conseguía en conversaciones confidenciales,
contactos con otras personas que igualmente oficiaban de espías o de fuentes médicas.
Pero la realidad es que ninguna de tales opciones resultan satisfactorias. Los
datos ofrecidos por Jung al servicio secreto norteamericano parecen haber sido
obtenidos por alguien que estuvo en el lugar mismo donde acontecían los
movimientos del Führer.
La
periodista Mary Bancroft (n. 1903, Cambridge / m. 1997, New York) parece darnos
una pista. Bancroft – por entonces de 38 años – paciente de Jung durante un
prolongado lapso y amante de Allen Dulles a quien conoció en la casa del Mago
de Zurich, cuenta en su libro – "Autobiografía de una espía" –
(13) algo importantísimo que, por inexplicable razón, ha pasado desapercibido.
Bancroft refiere que cuando le preguntó a su analista por unos rumores
corrientes en ese entonces que afirmaban que el psiquiatra suizo viajaba
regularmente a Berlín para atender a Hitler. De ser esto cierto, se aclararía
la fuente que permitió a Jung brindar tanta información cierta y precisa al
servicio secreto de los aliados. Jung respondió
que se
trataba de una leyenda surgida de sus numerosas discusiones con el cirujano alemán
Ferdinand Sauerbruch, que se hacía pasar por el médico de Hitler.
Siendo
que la Psicología Junguiana es una verdadera Psicología Social (14), el suizo
ofreció información referente a la influencia de la propaganda aliada sobre
los alemanes: un despacho dictado por Allen Dulles desde Berna y registrado por
la policía suiza señalaba que "los panfletos que tienen más éxito
(entre el ciudadano medio alemán) son los estrictamente militares que aseguran
que los aliados entran como un torneo en la fortaleza europea". "Apelar
a la fuerza moral del enemigo - y no a su debilidad - es la mejor propaganda
(...) Los llamamientos del general (Dwight)
Eisenhower al pueblo alemán son los más eficaces. Formulados en un lenguaje
simple, humano, comprensible para todos, dan a los alemanes algo a lo que
agarrarse", escribe Jung en una carta a Dulles fechada en febrero de
1945. (15) (16)
Hasta
aquí el lector puede suponer que el sabio suizo fue sólo un colaborador de las
fuerzas aliadas, que actuó un rol de espía aficionado durante algunos años.
Pero de ninguna forma fue así. La
relación entre Jung y Dulles en su actividad secreta llegaría en la
posguerra a la cabeza de la CIA. Para entonces hacía mucho que el Mago de
Zurich era – a más de todo lo que sobre su vida se conoce públicamente –
un espía profesional, a punto tal que hasta tenía número. No era su número
el 007 que lleva el sello inglés de James Bond. Sino el Agent
488. Una verdad que C. G. Jung llevó a su tumba y que ni siquiera sus
familiares más cercanos llegaron a conocer.
La
documentación sobre lo que decimos está a la vista. En 2003
la escritora Deirdre Bair – quien ya había publicado con buen suceso una
biografía de Samuel Beckett y otra de
Simone de Beauvoir – publica un minucioso volumen de 880 páginas
titulado “Jung” (Little Brown Nueva York) donde merced a documentos
liberados por los servicios secretos norteamericanos demuestra cuál fue el
verdadero papel que a Jung le ocupo en la Segunda Guerra Mundial. (17)
C. G. Jung mantuvo siempre silencio –
señala Silvina Laura Mazal – respetando
el juramento de no revelar su condición de agente secreto. Lo que aumenta el
valor ético y moral de su persona. Los familiares tampoco hablaron sobre esto.
Muy probablemente debido a que ignoraban todo. Con el tiempo, nuevos documentos
serán desclasificados y conoceremos más sobre esta faceta junguiana. (18)
Desde
que se hicieron públicos estos hechos, ninguna persona en sus cabales podrá
afirmar que Carl G. Jung fue nazi. Tampoco podrán aprovechar su figura valiéndose
de la confusión quienes adhieren al nazismo. Ante cualquier duda quien así lo
desee puede ahora leer personalmente los documentos desclasificados
correspondientes a los días del Office of Strategic Services.
REFERENCIAS:
(1)
http://www.letras.s5.com/serrano101203.htm
Hitler y Jung, por Miguel Serrano. Revista de Libros de El Mercurio, Santiago de
Chile, 29 de Noviembre de 2003.
(2) http://www.dios.com.ar/notas1/biografias/genios/JUNG_CARL/jung.htm
(3) BAUMANN, Carol.
Interview with C. G. Jung.
Bulletin of the Analytical Psychology Club of New York. 1949. (11.
8) Suplement.
BAUMANN, Carol. Dr. Jung during the war. Presentation
on the Analytical Psychology Club of New York. October
19, 1945
(4)
Jaffe, Aniela. Personalidad
y obra de Carl Gustav Jung, Editorial Monte Avila, Caracas, 1967
(5)
(6) http://www.elmeollo.net/website/meollo/detalle.php?idc=11&ida=17
Carl
Gustav Jung y el Nacionalsocialismo. Laura
Ibarra García. Centro de Estudios Europeos Universidad de Guadalajara y Carl
Gustav Jung y la maraña de malentendidos. El psicólogo suizo argumenta su
defensa. Francisco
Hernández Lomelí. Departamento de Estudios en Comunicación Social Universidad
de Guadalajara.
También: http://www.cge.udg.mx/revistaudg/rug16/2Carl.html
(7)
Jaffé, Aniela. De la vida y la obra de C. G. Jung, (C. G. Jung y el
Nazismo.) Mirach, Madrid. (Pág. 94)
(8)
www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1994/05/26/cultura/716576.html
y
www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1994/05/27/cultura/716606.html
(9)
Noll,
Richard. Jung, el Cristo Ario. Ediciones B, México, 2002
(10)
http://www.yumka.com/docs/harvard.pdf
El lado oscuro de Harvard, Juan Ramón Jiménez, Facultad de Contaduría,
Universidad Autónoma de México.
(11)
Dulles, Allen Wels. The
Craft of Intelligence. New
York: Harper & Row, 1963. London: Weidenfeld & Nicolson, 1963. New York:
Signet Books, 1965. Westport, CT: Greenwood, 1977. Boulder, CO: Westview, 1985.
Guilford, CT: Lyons Press, 2006.
(12)
Dulles, Allen W. "The Present Situation in Germany: Digest of a Meeting
with Allen W. Dulles at the Council on Foreign Relations, December 3,
1945." Foreign Affairs 82, no. 6 (Nov.-Dec. 2003): 4-8.
(13)
Bancraft, Mary. Autobiography
of a Spy, William Morrow Publication, New York, 1983
(14)
Las Heras,
Antonio. ¿Qué es el Campo Junguiano? Periódico Junguianos de la Argentina N*
4, Buenos Aires, setiembre/octubre 2007
(15)
Diario La Nación, Buenos Aires, 30 de diciembre de 2000 “Revelaciones sobre
el psicoanalista suizo.”
(16)
Cable de la Agencia EFE, 29 de diciembre de 2000 Jung
informaba a los Aliados sobre la psicología de Hitler.
(17)
Bair, Deirdre.
Jung. Little Brown, Nueva York, 2003.
(18) Mazal, Silvina Laura. ¿Con que Jung fue nazi? www.jung-argentina.com.ar